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Constructores de puentes


Un puente, más allá de una gran obra de ingeniería, tiene como utilidad conectar un punto con otro, permitiendo el paso de personas, vehículos, objetos, etcétera. Nuestras palabras y acciones tienen la capacidad de construir un puente o levantar un muro. Con inteligencia los seres humanos somos constructores de puentes; sin ella, erigimos muros que nos dividen.

Andrew Carnegie, el famoso filántropo y empresario, dijo que a los hombres se los desarrolla de la misma forma en la que se explota una mina de oro: removiendo toneladas de tierra para obtener una onza de oro.
Los seres humanos podemos remover la tierra y buscar el oro en los demás: nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros amigos y todo aquel que se nos cruce por el camino.

¿Cómo debería construirse un puente? Con empatía. Ésta consiste en generar un vínculo con el otro, colocarnos en "el lugar de" o "en los zapatos de", e intentar comprender lo que alguien siente en su situación. De esta manera, sintonizamos con la gente.

Un grupo, sea cual sea su tamaño, siempre se lidera con empatía. Las personas somos seres gregarios, lo cual significa que nos relacionamos unos con otros y nos necesitamos para funcionar bien. Por esta razón poseemos la tendencia a ser empáticos.

La solidaridad es una clara señal de empatía. Todos, sin distinción, nacemos con la capacidad de empatizar, de ver el mundo desde la perspectiva de otro. No obstante, es fundamental que aprendamos a desarrollar la empatía desde niños.

A menor empatía, mayor será el grado de individualismo. Por el contrario, a mayor empatía, menor será el nivel de maldad. Aquel que engaña, roba, miente y realiza cualquier acción que dañe al otro tiene un bajo nivel de empatía.

Si yo soy una persona empática es más difícil que pueda hacerle a alguien lo que no me gustaría que me hicieran a mí. Se ha comprobado que cuando una persona aumenta su empatía, desciende su nivel de maldad y también de egocentrismo.

Seguramente en alguna ocasión te has preguntado: "¿Por qué me traicionó, si yo lo ayudé?".
Es normal hacerse esta pregunta al menos una vez en la vida, ya que todos podemos ser víctimas de una traición, de personas que se mostraron de una manera al principio y más tarde mostraron rasgos negativos, como narcisismo o psicopatía, que permanecían escondidos.
No sólo las crisis revelan lo peor de nosotros; a veces en tiempos de bonanza, cuando todo marcha sobre rieles, salen a la luz características pocos deseables.

¿Cómo prevenir que alguien nos traicione? Comparto algunas ideas:

  • - Ayudar a los demás como pares.
  • - Limitar nuestra ayuda a una o dos veces, como máximo.
  • - Fijarle una fecha de vencimiento al éxito. Dicha actitud nos brinda empatía para ver mejor al otro.
  • - Y sobre todas las cosas, no esperar nada de nadie.

La empatía no sólo nos permite tener otra mirada de quienes nos rodean, una mirada más compasiva y desinteresada, y conectar eficazmente también nos mueve del rol de jueces implacables del accionar de los demás en el que muchos se colocan y despierta la misericordia en nuestras relaciones interpersonales que tanta falta nos hace por estos días.

El tema no se agota aquí, pues es tan amplio como amplia es la conducta humana que responde a una multiplicidad de factores.

¿Qué deberíamos hacer con aquellos que amenazan nuestra estabilidad y paz con su malestar? De nada sirve llenarnos de ira o devolverles con la misma moneda. Lo mejor es responder con empatía y tender un puente.

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